Para los inmigrantes ilegales de Estados Unidos no fue suficiente con sufrir la pérdida de sus casas, familiares y todos los recuerdos de la nueva vida que estaban construyendo, porque ahora sí que les está lloviendo sobremojado.

Según el periódico "The Wall Street Journal", agentes policiales realizaron una traumática redada en el campamento habilitado por la Cruz Roja para los damnificados en Long Beach, Misisipi.

"A mí me preguntaron a dónde quería ir: a Houston, Atlanta o de vuelta a México", contó José Luis Rivera, quien no tiene sus papeles en regla. En otros casos el despliegue fue menos amable. Tras bloquear las salidas del albergue, la policía exigió su documentación a unas 60 personas de aspecto hispano, incluso sacándolas de los baños y las duchas sin ningún tipo de conmiseración.

Muchos de los alojados en el recinto de la Cruz Roja temieron que la amenaza de que llegarían buses para deportar a los ilegales se hiciera realidad, y optaron por huir del lugar.

Las autoridades han defendido sus medidas apuntando que había preocupación por presuntas peleas y consumo de alcohol y marihuana dentro del edificio.